PUES YO ME QUEDO

Hace ya bastantes meses que viene repitiéndose en redes sociales y medios de información una tendencia bastante siniestra.  Cada poco tiempo aparece alguna carta abierta, misiva o declaración donde el que la escribe anuncia que se marcha. He leído la mayoría de las que he podido encontrar (no son pocas) y todas siguen un patrón más o menos similar. Y todas encogen igualmente el corazón. Las escribe gente rota, asqueada, que se larga por sentirse obligada a ello y por sentir que en su propio país jamás tendrán unas oportunidades acordes al trabajo que han hecho para formarse. También tienen otra característica común, y es que son obra de gente culta, formada, preparada y con la conciencia suficiente como para sentarse un par de horas frente al ordenador y avisar de lo que les está sucediendo. Desgraciadamente esto no me coge de nuevas, llevo ya bastantes meses padeciendo en persona la diáspora literal o en proyecto de gente de mi entorno. También gente válida y que resultaría muy útil a su país. Como pasa con los protagonistas de esas cartas, estan hartos, y con razón, de no sentirse valorados, de no tener oportunidades, de que sus oportunidades para ganarse la vida sean o un trabajo miserable en algo que no tiene que ver con su formación, o el tener que pelear como chuchos hambrientos hasta por un puesto de becario en el que no se puede ver el horizonte.

Fue una de estas mentes brillantes y que pronto estará al servicio de un lugar que poco tiene que ver con este, la que me activó un disparador de la cabeza. Lo hizo con una frase épica “Cuanto más pienso en los motivos que tengo para irme, más me doy cuenta que son los que tengo para quedarme”. Qué quieren que les diga, tiene toda la razón. Así que utilizando como premisa inicial una idea que no es mía, voy a protagonizar mi propia declaración. No es una carta abierta a ningún gran político o estadista (que actualmente es la gente con cargo que acude a estadios) porque sé que ninguno de esos gusarapos la va a leer, o, de hacerlo, se limpiará el culo con ella.

Por no utilizar una expresión malsonante y ser políticamente correcto, diré que estoy hastiado y mosqueado. Harto de un país que expulsa por omisión o por acción directa a una de las generaciones mejor preparadas. Harto de que para poder medrar y progresar cuente más la afiliación a unas siglas y a un absurdo acrónimo que la preparación y la capacidad de trabajo. Harto de puestos de poder copados por una larga serie de ineptos y mentirosos compulsivos que sirven de comerciales cara al pueblo de poderes mayores. Inútiles que tan solo son monigotes en cuyo ano los intereses privados insertan el puño para hacerles hablar y actuar. Muy harto de un estado insolidario que en lugar de asegurar al débil y necesitado, asegura las ganancias de aquellos que es casi imposible que alguna vez pierdan. Hastiado de una justicia casada con este estado que ataca al que no puede defenderse y protege al que no necesita que lo protejan. Harto, otra vez, de verlos hablar y ponerse “en nuestro lugar” derramando lágrimas de cocodrilo. Y de sus voceros y propagandistas, perros a sueldo, que difunden la idea de que aquí la culpa la tenemos todos. Cansado de sus siglas, de sus colores, de sus nuevas generaciones y de sus juventudes. Horrorizado al ver que buena parte de las demás opciones no son más que una filial en discurso, modo y forma, de las dos grandes. Fatigado de mentirosos, ineptos, gualtrapas, crápulas, lameculos y serviles. Y por último, triste. Triste al ver que lo mejor de un país tiene que largarse fuera porque aquí las oportunidades están reservadas a pelotas, niñatos que han podido pagarse un título “de prestigio” y gilipollas. Pero sobretodo, y ahora siendo egoísta, triste porque algunos de ellos podrían ser parte de mi vida. Resulta triste ver que se aleja una parte de lo que eres, y que muchas veces no lo hace por gusto.

La suma total es que es estoy mosqueado y hastiado, pero yo, por mis santísimos y aun a riesgo de que esta sensación se convierta en desesperanza, me quiero quedar. Y me quiero quedar porque aquí tengo mi vida y mis proyectos, por pequeños que sean, y no me pasa por la cabeza que sea un proyecto de país de inútiles y no yo quien tenga que reiniciar mi vida. También para huir de la sensación de culpa y nudo en el estómago cuando cuente por qué me fui. Porque aunque me cago en el nacionalismo y que las cosas físicas y líneas de un mapa tengan que ser españolas por las gónadas (curiosamente las sociales puede comprarlas cualquier desgraciado) tengo una deuda de vida con un país, nación o como lo quieran llamar. No quiero ver que España, por llamar de una manera reconocible a ese lugar del que me guste o no he sacado tanto, ha quedado en manos de aquellos bocazas rojigualdas que, al estilo del maltratador, la golpean y humillan pero dicen “que la quieren” e impulsan no el avance, el progreso social y la solidaridad, sino el nombre, el rictus y el golpe en el pecho. Me quiero quedar por muchos más motivos, porque quizá algún día el azar me dé la oportunidad de coger por las solapas (metafóricamente, señor juez) a alguno de estos sinvergüenzas, poder cantarle las cuarenta y desearle un herpes genital de la variedad más carnívora. Y me quedaré. Y lo haré con mi licenciatura, mi trabajo de lavaplatos a doble turno y mis ganas de sacar proyectos adelante, por utópicos que sean, porque esto me sigue compensando más que darles la razón e irme porque no soy rentable según su modo de ver las cosas. Así que se van a joder porque yo me quiero quedar. Y lo haré para buscarme la vida, para ganarme la vida y sin dejar de poner un grano de arena que ayude a romper la estupidez imperante y partidista de este país e intentar que la gente deje de mirar el dedo y mire la luna de una puñetera vez. En suma, me quiero quedar, pero no solo para trabajar y vivir, también para poder hacer algo que hoy es casi un deber. Ser una molestia para determinada gente

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A DIOS ROGANDO Y CON EL ESTADO DANDO

Escribir una cosa como la que voy a hacer a continuación se me antoja bastante difícil,sobretodo en lo que a supuesta “imparcialidad” se refiere. Lo primero, por ser ateo perdido y de esos irremediables. No quiere decir que yo tengo problemas con Dios, no los tengo, es que simplemente creo que no anda por ahí, y mucho menos en el sentido y propósito que pretende darle nuestra omnipresente curia cristiana. Tampoco tengo problemas con sus seguidores, que cada uno crea en lo que considere oportuno, sea Dios, Confucio, Spiderman o la tetera de Russell. Solo tengo problemas cuando pretenden imponer a  una sociedad global las rarezas y curiosidades de una parte, además haciendo pasar la píldora con el azúcar del “interés general”. Lo segundo es que cuando trato y hablo de las reformas actuales calificándolas de “liberales”, “ultraliberales”, “neoliberales” y términos similares, sé que cualquier ortodoxo seguidor de Friedman o Hayek me lanzaría a sus perros untado en salsa barbacoa y profiriendo gritos del estilo “liberal no es eso!! un liberal jamás subiría impuestos ni dificultaría la iniciativa particular del pequeño emprendedor!!”. Estamos de acuerdo, pero para que se me entienda, es simplemente una manera de calificar una serie de reformas que llevan consigo la paulatina desarticulación de las estructuras de protección social del estado. Por la misma regla de tres, estos buenos economistas y estadistas no dudan de calificar como “socialista” cualquier país donde el estado no se limite a distribuir la correspondencia y servir de soporte únicamente al sistema legal. Así por aclarar un poco las situaciones y los conceptos particulares.

Una vez dicho esto, podría conservar el espíritu de la idea que quiero expresar y ahorrarme unas cuantas líneas, para ello me bastaría con lanzar algunas maldiciones y faltar a progenitores que tampoco tienen porqué tener la culpa de que sus vástagos hayan acabado siendo lo que son. Pero trataré de mantener cierta compostura (aunque sea un poco) y tratar de ser constructivo. Para empezar y desde una perspectiva general, en este país hoy por hoy parece que hay un follón mayestático a nivel ideológico-económico en lo que a nuestras clases dirigentes se refiere. Tampoco resulta fácil poner luz allí donde ni los mismos que lo llevan parecen tener ni un mal candil. Pero intentando aclararse, parece ser que tenemos un gobierno y unos grupos de influencia donde se combinan de manera confusa, por un lado, un grupo de principios económicos liberales muy pujante desde mediados de los noventa y el gobierno de Aznar y por otro los habituales militantes de organizaciones muy cristianas con altas influencias y presencia económica, por último está el habitual clientelismo, chanchullismo y parasitismo de grupos de poder económicos con sus respectivos cargos a dedo y fantásticas ideas para seguir alimentando la pantomima que les asegura ganancias. A priori podría pensarse que los tres juntos son una influencia explosiva, pero el caso es que tienen intereses comunes que permite que tengan una coexistencia muy cómoda, facilitada por el hecho de que unas cuantas cabezas destacadas militan en dos de los tres y no podría descartarse que incluso en las tres. Eso si, cara al público es de una esquizofrenia tal que parece que este país lo gobiernen en tripartito Rouco Varela, el espíritu de Margaret Tatcher y una combinación entre Pedro Reyes y Faemino y Cansado como portavoz.

Los primeros en tomar posiciones fueron los obsesionados con la liberalización y las cuentas. Quizá resulte un poco raro tener de principal responsable en este campo a un señor que fue director en España y Portugal y miembro del Consejo Asesor de  Lehman Brothers a nivel europeo. La empresa, ya se sabe, no solo fue una de las responsables de la crisis de las subprime, sino que además, hasta hoy, sigue teniendo el record indiscutible de una quiebra con 613.000 millones por el sumidero de vayan ustedes a saber que submundo. Pero por lo visto, a pesar de esto, la clase de políticas económicas que propugnan estas entidades parece ser que son las acertadas. Para las compañías aéreas seguro, deben estar forrándose con la venta de billetes por parte de todos aquellos que, carrera y título a cuestas, intentan salir de este país. Resultadismo, creo que lo llaman. Pues bien, bajo el acertado mando de este ínclito timonel y su tripulación, el desmontaje de la cobertura social está siendo riguroso, constante y siguiendo el principio de la rana a la que se le va subiendo poco a poco la temperatura del agua y no se entera hasta que hierve y ya está cocinada. Para cuando nos demos cuenta, vamos a parecer un ejército de gatos pelados, escaldados y mudos. Sus políticas además tienen otra característica; se están aplicando contra todo pronóstico, incluido el de ellos mismos. En la oposición siempre juraron y perjuraron que nunca harían algo así, e incluso hicieron campaña electoral con ello. Ahora la culpa es de ZP, de la herencia, y sobretodo de la ominosa realidad, siempre presente y lista para obligar a actuar contra sus principios al político standar, que es aquel que vive ajeno a ella. Lástima que no juraran sobre una biblia que no lo harían, tal vez la cosa hubiera sido distinta.

Cuando aún no nos habíamos recuperado de la llegada de “Derribos Brey”, es más, cuando aún no habían terminado su faena, llegaron los hombres de negro. No me refiero a Will Smith y Tomy Lee Jones cazando extraterrestres (en el congreso podrían ponerse las botas), ni a los encargados del área de economia-proctología de la UE. No, me refiero a los de siempre, ya sabéis, a los de la cruz, sotana y hostia con y sin consagrar. Tal vez decir “llegaron” resulte algo excesivo, pues la verdad es que nunca se fueron. Aquí es donde empieza el festival de la combinación de “recortes necesarios para crear un país integrado en la economía libre, europea y mundial” con el “bájate esa falda que se ve cacha”. Bien que han sido siempre un grupo de influencia importante e innegable, tienen sus seguidores. Por tener, tienen hasta un ministro del interior fan de la misa y numerario del Opus Dei, a una ministra de Trabajo que se encomienda a la Virgen para que la cosa mejore, y una vicepresidenta y una presidenta del Partido Popular a las que la teja y la mantilla les combinaba la mar de bien con el rostro henchido de felicidad. Pero hay que reconocer que lo de los últimos meses ya está alcanzando cotas tremendas, y eso que soy poco dado a hablar de “reformas ideológicas”. Tampoco es que sobresalten mucho sus peticiones, al fin y al cabo es lo de siempre, ya no sorprende que pretendan imponer a todo el mundo su opinión y modus vivendi. Ni causa estupor que no se inmuten ante la aparente contradicción de que un grupo de gente que tienen la polla solo para mear pretendan ser jueces de la vida sexual y familiar del resto. Es lo de siempre, lo raro sería que desde que las altas instancias eclesiásticas alguien soltara cosas del estilo “bueno, creo que ya tenemos bastante con no pagar impuestos y con que nos mantenga el estado, vamos a dejar que la gente piense lo que quiera y si van al infierno allá ellos. Así que desde mañana, a ocuparnos de nuestros fieles, de la caridad y a intentar que este tinglado se mantenga con los cepillos”. Eso si sería sorprendente.

El problema es cuando un atajo de integristas no solo tienen a otros de su mismo estilo en un gobierno, si no que además, estos se sienten en deuda. Aparece el cazo y de pronto nos encontramos en la TVE pública recomendaciones a rezar para rebajar la tensión, reportajes sobre como vestir con decoro, una reforma de la ley del aborto que haría palidecer a los habitantes de Atapuerca y otra reforma, esta vez educativa, donde la religión, o sea, las interpretaciones sobre la vida que señores con gorros raros hacen de lo que se supone dice otro señor que es uno y trino y vive en las nubes, pasa a ser equivalente a las ciencias o el lenguaje. Y esto en pleno S XXI. Pero donde más se ve que tienen el rostro forrado en teflón es cuando además no dudan en señalar y hablar de adoctrinamiento cuando tienen no solo protección y financiación estatal, si no además, apoyo explícito y reformas acorde a sus peticiones por parte de miembros del gobierno de todos. A Dios rogando y con el estado dando.

Ferran González

EL FIN DE LA CRISIS Y EL PRINCIPIO DE LA GOMA ELÁSTICA

El actual gobierno está recibiendo muchos calificativos dependiendo de la óptica desde donde se le mire . Según una parte importante de la población, es el gobierno de los recortes, el plasma y los chorizos. Según sus fans, es el de la peor herencia recibida en el peor momento económico. Finalmente y según ellos mismos, es el de la recuperación y la esperanza. Lo dicho, las ópticas condicionan un poquito esto de la visión de las cosas. Yo, por la capacidad de esta gente de repetir hasta el hastío frases y consignas preparadas allá donde se les presente ocasión, prefiero llamarlo el gobierno del mantra. Los hemos tenido de todos los colores, desde los de estilo flagelante “nos duele, pero tenemos que hacerlo” pasando por los genéricos “protestan contra nosotros porque nos tienen manía” y llegando a los que son mis favoritos, los de la categoría “estamos saliendo de la crisis” con sus variaciones “estamos mucho (o el doble de) mejor que hace un año”.

Este último es constante en los últimos cuatro o cinco meses. Poco importa que no se cumplan los datos de déficit, que el PIB vaya en picado o que se hayan disparado los parados en el último año y medio, en buena parte gracias a unas leyes que facilitan la flexibilización (fantástico eufemismo) laboral. El caso es que estamos mejor, claramente además. La última semana y media, con unos datos económicos y de paro galopantes que (según sus propias previsiones) destruirá 1,3 millones más de puestos de trabajo hasta el 2015, ha salido parte de la cúpula a repetir el mantra que ya era un hit a finales del 2012. Hasta Juan Carlos de Borbón lo cantó el diciembre pasado con la magnífica variación “brotes verdes”. Eso si, visto que sus datos no les avalan, y que sus declaraciones de que la economía se iría recuperando para inicios del 2013 se los han tenido que tragar, pues el manido “estamos saliendo de la crisis y estamos mucho mejor que hace un año” lleva la coletilla “aunque no se note”. Un poco de fe nunca viene mal.

Ahora bien, vamos a suponer una cosa. Supongamos que tienen razón y estamos saliendo de la crisis. Dos datos públicos de esos que les gusta sacar: la Prima de Riesgo está por debajo de 400 y Bankia se ha disparado en bolsa un 700%. Probablemente nadie tenga muy claro que significan ambas cosas, pero suenan bien, parecen chulas. Puede ser un comienzo. Hay que añadir que una de las ventajas de una crisis tan larga y tan profunda puede ser que cuanto más se alargue y más abajo se llegue, más cerca esté el final de la misma y tarde o temprano, ese dios vengativo que la causó (pues no hay culpables ni responsables) puede que decida que ya está bien y que toca recuperarse. Dicho simplemente, la crisis acabará, o al menos remitirá, o por lo menos podrán exhibirse datos fieles y demostrativos de que el gobierno tenía razón, aunque fuera a base de años de repetir la misma consigna. Para mi la gran pregunta es…¿Y qué pasa entonces?

Pues así a ojo vista, un servidor observa tres cosas en planos bastante distintos. La primera es la sensación (que bien puede ser cosa mía) de que el tema de la crisis y su recuperación se muestra siempre desde una óptica muy general a nivel nacional y la economía doméstica es algo que se pasa de largo. Si se quieren mostrar datos esperanzadores, hay que recurrir a la inversión extranjera y a algunos indicadores macroeconómicos tipo la balanza de pagos, que Montoro utilizó la semana pasada como ejemplo de la mejora. Digo “algunos”, porque si se muestra de golpe el panorama completo con cosas como el PIB o los datos de empleo, lo que dan es ganas de llorar hasta quedarse dormido. De que una recuperación en algunos valores económicos no significa una mejora en el empleo o en la situación de las economías familiares ni hablamos, claro.

La segunda cuestión es, al menos, igual de preocupante. Ya con el último gobierno del PSOE hubo una reforma de la constitución (si, esa que es sagrada e intocable) para priorizar el pago de deuda e intereses y otra reforma laboral que permitía el encadenado de contratos precarios y el contrato de “prácticas” para “jóvenes” de 30 años. Desde entonces, el festival de recortes ha sido continuo y en todos los ámbitos. Ayudas Sociales, Educación, Investigación y Desarrollo, funcionarios, Sanidad. Prácticamente todos los ámbitos sociales del Estado han sido recortados o modificados. Además, subidas de tasas que se juró que no se iban a tocar como el caso del IVA, otra reforma laboral que facilita aún más la destrucción (perdón, flexibilización) de empleo y cosas como el no revalorizar las pensiones, que no apuntan un futuro muy halagüeño en esta materia. Todo esto con dolor y sufrimiento por su parte y “obligado por la realidad” para sacar el país de la crisis. No hay que ser un lince para suponer que si pretendes incentivar el consumo y reactivar el crédito, recortar, subir impuestos y crear inseguridad en la economía de la inmensa mayoría de potenciales consumidores es el equivalente económico a pegarse un tiro en un pie. Por simple eliminación, queda claro que si las medidas económicas no van orientadas a resolver los problemas económicos de la mayoría de la población, es que van dirigidas a resolver las situaciones económicas de una minoría que además, no suele pasar por apreturas. Y por deducción, si esta gente rara vez pasa apreturas, debe ser que lo que se pretende con estas medidas no es solucionar los inexistentes problemas económicos de una minoría, si no cambiar el modelo del estado social por un modelo cada vez menos social. A esta deducción ayudan otras dos cosas: La primera es una amnistía fiscal que es una declaración de principios de que no se va a perseguir a los ladrones de cuello blanco bien instalados en el stablishment económico nacional y que defraudan millones de euros. La otra son las continuas declaraciones de nuestra clase política según las cuales “lo público” no es rentable y sale caro (aunque a eso ayude el que los cargos que suelen destinarse a gestionarlo sean colegas próximos que se dedican a hipertrofiarlo colocando a otros amigos, doblar sueldos y conseguir que funcione de la peor manera). Y eso cuando no lo desprecian directamente.

La tercera observación, o más bien previsión, se deriva de todos los discursos de catastrofismo económico y medidas “absolutamente necesarias” para salir de la crisis. La inmensa mayoría de la población puede que esté en desacuerdo, pero cunde mucho el mantra de que “es necesario dada la situación”. En general, se deja hacer, la protesta es tibia o solo se da en cada momento según el sector afectado. O si es explosiva y mayoritaria, se la ignora y deja morir de puro agotamiento hasta que el follón mediático pasa a otra cosa. Pero en general, este país se está dejando hacer, con el foco mirando el presente y protestando delante de cada árbol sin ver el bosque. Estamos rodeados de un país asustado que se deja maltratar creyendo que estas medidas son un hecho excepcional en un tiempo excepcional, y que cuando la cosa remonte, estas políticas se revertirán. Es creer que esto es como el principio de la goma elástica, que en los tiempos difíciles se estira, y cuando la cosa mejora, se relaja y vuelve a su lugar. Por desgracia, históricamente rara vez esto es lo que sucede, y con estas cosas suele pasar algo más parecido al principio evolutivo de que una estructura que queda atrofiada no vuelve a desarrollarse. Buena muestra de esto es que determinados derechos sociales y laborales son fruto de la reivindicación, la protesta legítima y la lucha ciudadana. Pretender que van a recuperarse así porque sí no deja de parecerme ilusorio. Más aún cuando siempre pueden negarse y servirse de excusas como “no repetir errores pasados”. Todo esto, claro, suponiendo que algún día digan que la crisis ha terminado, ya que esto es un simple ejercicio teórico.

LA LEY DE GODWIN, GOEBBLES Y LAS COSAS NAZIS

“A medida que una discusión online se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis, tiende a uno”.

A finales de los 80, un abogado llamado Mike Godwin formalizó de manera escrita lo que era una tradición en los grupos de noticias de la red de Usenet. Según esta, era inevitable que, tarde o temprano y a medida que se iba enredando una discusión, alguien acabara soltando alguna comparativa con el nazismo o Hitler. Esto solía reflejar cuando el tema se había ido de madre y que el responsable (si la lanzaba fuera del contexto de comparativas entre atrocidades) no sabía ya ni qué se decía. La Ley de Godwin era, por tanto, un indicador de cuando una discusión podía darse por terminada y quien la había ganado.

Era cuestión de tiempo que algo así acabara por saltar al mundo real. Es claro, es informal y es divertido. Al mismo tiempo, nos indica cuando un tema está agotado de tanto que se ha desviado y cuando alguien trata de recurrir a una treta populista, efectista y demagógica para tratar de ganar una discusión, mostrando que se le acaba el combustible argumentativo y no tiene más huevos que recurrir a la pirotecnia. Por desgracia, cuando uno saca a colación comparativa los nazis y Hitler fuera de una discusión sobre guerras, dictaduras y genocidios, el resultado suele ser un suicidio argumentativo, pues es difícil que alguien se lo trague de puro exagerado e irreal.

Después de estas explicaciones, queda bastante claro que la dichosa ley del dichoso Godwin no es si no otra manera de acotar y nombrar una faceta más de eso que se llama “sentido común”. Se verbaliza de alguna manera el hecho elemental de que las argumentaciones deben estar situadas dentro de un contexto, y que salirse con exageraciones de esa magnitud suele ser un claro indicador de que no estamos discutiendo con alguien con dos dedos de frente, si no con alguien que carece de argumentación o con un vendedor de crecepelos milagrosos. Lástima que el tal Godwin no viva en España, porque tendría horas y más horas de diversión gratuita. Lástima también que quien está abarcando todos los campos posibles de este informal detector de simples sea el gobierno de una nación, pero ya se sabe que la realidad suele superar la ficción.

Esta es ahora nuestra realidad. Unos altos cargos de gobierno que para tratar de deslegitimar y criminalizar una protesta social con una legislación que la ampara (el derecho a la protesta) y unas sentencias que avalan lo justo de sus demandas (la sentencia europea que considera la ley hipotecaria en España abusiva y contraria al Derecho Comunitario), recurre a compararlos con los nazis que marcaban y perseguían a los judíos. Ya no es solo que la comparativa sea una tremenda exageración demagógica, es que encima es una mentira de dimensiones estratosféricas. Poco importa que la PAH busque romper la disciplina de voto y no enviar a los señores diputados a un spa en Treblinka. No importa el fondo, lo único que importa es decir que las formas son las mismas. El problema es que las formas tampoco se parecen, ni en el qué ni en el cómo. Además, en este juego de prestidigitación verbal en el que tratas de confundir formas de manera explícita, acabas dejando caer implícitamente que el fondo es el mismo. El resultado es un ridículo tremendo para cualquiera que no sea un hooligan político del partido del gobierno.

Desgraciadamente vivimos en un país lleno de hooligans políticos de sus respectivos partidos, y si los miembros del partido dicen eso, los voceros de sus medios lo repiten con insistencia y hacen buena aquella frase de “una mentira repetida mil veces se transforma en verdad” que, colmo de la ironía, resulta ser de Goebbles. De hecho, aunque por repetirlo siga sin convertirse en verdad semejante marcianada, siempre se pueden aplicar medidas diferentes de suavización como que desde medios y artículos se diga que aquello es “acoso puro y duro”. De nuevo, ligando formas de manera implícita y de nuevo evitando que el debate se centre en la forma y no en el fondo, que es de lo que se trata todo esto. Al final parece que se cumple otra regla, la de que soltar la hipérbole exagerada e increíble de inicio hace que luego cuele sin problemas cualquier cosa que se ajuste mejor a la realidad.

Me voy a permitir el lujo de jugar un poco más con los símiles nazis, en concreto, y ya que lo he citado, comentaré un poco más sobre de Goebbles. A ver si encuentro alguna similitud en los principios de propaganda que se le atribuyen y como trata el gobierno la información sobre las protestas, principalmente esta novedad del escrache. Si, puede que resulte demagógico y esté cumpliendo la Ley de Godwin, pero ya que les va jugar a las cosas nazis y han empezado ellos, resulta más justo si jugamos todos.

Principio de simplificación y del enemigo único: Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

Viendo y leyendo últimamente a nuestros líderes, el símbolo único bien podría ser el agruparse bajo la etiqueta de “demócratas” y amantes de la libertad. En contraposición, los “antidemócratas” suena también de manera reiterada.

Principio del método de contagio: Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

Bien vale lo del punto anterior. Cualquiera, aparte de los epítetos secundarios como “acosador”, “violento” o “proetarra” es, ante todo, un “antidemócrata”.

Principio de la transposición: Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.

Pueden presentarse cuarenta policías en tu casa, sacarte de ella con violencia y tirando la puerta abajo si es necesario, y lo hacen cumpliendo una ley declarada injusta y contraria a derechos elementales. De paso que te dejan en la calle, pueden calentarle la riñonada y detener a alguno de los que tratan de evitar el desahucio. En cambio, la imagen que se da es que los violentos son todos aquellos que protestan contra esta clase de situaciones. Es lo que de dice el mundo al revés. La campaña de tergiversación se adereza un poco nombrando colaboraciones ficticias con grupos etarras o cualquier noticia sobre miembros de estas protestas, desde que se dedican profesionalmente a protestar a que algún pariente suyo vive de empresas inmobiliarias

Principio de la exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

Que gente te toque al timbre y te grite desde la calle, sin entrar en tu casa, o que peguen unas pegatinas en el portal, aún siendo algo molesto (la idea no es precisamente agradar) no deja de ser una protesta pacífica, y si es desde la calle, además, amparada por la ley. Pero se convierte en el paradigma del acoso continuado y de la violencia. Nombrar reiteradamente elementos identificables con los que se pueda establecer un lazo empático siempre ayuda. El bombo mediático al caso del padecimiento de los hijos de González-Pons es una buena muestra de esto

Principio de la vulgarización: Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño a de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

Y esta es la explicación de porqué los políticos tratan a sus votantes de subnormales. Esta ya no se centra en el actual gobierno, parece ser algo generalizado.

Principio de orquestación: La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.

“Terroristas”, “antidemócratas” y “tenemos la legitimidad de una inmensa mayoría de votantes”. Las tres consignas estrella desde hace año y medio. Este es el punto del que viene la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en realidad”.

Principio de renovación: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

Aquí está también claro, aunque a cada acción de protesta responde una avalancha de acusaciones de la clase más barriobajera durante los primeros días, se puede comprobar como mediáticamente, los eventos que son noticia y generan estas respuestas no duran apenas un mes antes de que se focalice la atención en nuevas noticias o eventos fruto del ruido mediático. Se añade además que los canales de difusión para las respuestas son muy inferiores y de un alcance mucho más limitado que los del gobierno. Por tanto se combinan cúmulo de acusaciones de gran alcance y poca capacidad de difusión de la respuesta.

Principio de la verosimilitud: Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.

Véase la famosa acusación de que la PAH colabora con grupos proetarras. Esto parte de que Stop Desahucios Bizkaia apoyo a una marcha por el acercamiento de presos en Bilbao. Bien, por mucho que dicha asociación no esté integrada en la PAH, ya supone un punto de partida para para construir dicha acusación y fortalecer la asociación entre la PAH y grupos que se califican dentro del ámbito “proetarra”.

Principio de la silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

En este punto entraría la sentencia Europea que considera la ley de desahucios española injusta, que apenas se ha comentado desde el gobierno, pues es uno de los argumentos más fuertes para legitimar las protestas desde un punto de vista concreto y legal más allá de una protesta difusa y con falta de concreción. O como se omiten continuamente informaciones en las que se ve a grupos ideológicamente similares al gobierno organizando actos frente a la vivienda o el trabajo de particulares.

Principio de la transfusión: Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

Todo el mundo (salvo los nazis, claro) asocia el nazismo al mal absoluto. Y al mismo tiempo el terrorismo de ETA está bien presente en todos los habitantes del país. Como la llegada de la democracia y el fin de la dictadura. Las tres son cuestiones sobre las que hay amplio consenso social al respecto de sus significados y a los que es difícil oponerse. Y los tres están siendo los centros con los que se martillea en las declaraciones.

Principio de la unanimidad: Llegar a convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad.

Pues queda bien visible cuando se nombra aquello de que la mayoría de españoles no están protestando, o que las manifestaciones y escraches tienen muy poco apoyo, muy poco soporte y que son cosa de una minoría de violentos antidemócratas mientras el resto de “Españoles de bien” no participan de ellas y comparten el fin y los medios empleados por el gobierno.

Resulta curioso que, hablando de cosas nazis, las declaraciones llenas de simplificaciones, acusaciones, e informaciones sesgadas del gobierno y medios afines se adapten tan bien a los principios propagandísticos que un nazi de verdad y convencido como Goebbles aplicaba. ¿Un análisis demagógico? Tal vez estos puntos se ajustan bastante bien a la manera en que muchos gobiernos tratan la información, sea cual sea su ideología. O tal vez haya que recurrir a recordarlos y a algo de demagogia para analizar y combatir la demagogia, sobretodo cuando el que la lanza no tiene el menor interés en mantener un diálogo razonado.

Al margen de comparaciones, esta clase de tácticas e insultos son de esos que retratan de manera clara a quienes los lanzan, al menos cuando se trata con gente con capacidad argumentativa. Pero en este caso  no van destinados a convencer a nadie ni a crear un debate, sino a reforzar a quienes ya están convencidos y a devolver al redil a aquellos que pudieran haber escapado hartos de mentiras y decepciones. El cebo no es solo la criminalización, o que los que protestan sean como los nazis, o como la ETA. El cebo gordo, el de verdad, el que se queda y se graba, es lo de soltar cada dos o tres palabras que ellos son “demócratas” y los otros son “antidemócratas”. Es el “o nosotros o el caos, la violencia y la antidemocracia”. Ahí tienen la partida completamente ganada. Nos han criado en la verdad de que la democracia es un principio bueno, inviolable e universal. Pero a base de violarlo de manera sistemática, una enorme cantidad de gente ya no lo identifica con una acción, derechos o mecanismos concretos, si no con un ente metafísico que solo puede entenderse si te lo explica alguien con más poder y legitimado.

Ferran González.

CUANDO LLEGUE LA REPÚBLICA.

Hace ya un año, los medios de comunicación del mainstream nos sorprendían al publicar la lesión que Juan Carlos de Borbón había sufrido durante una cacería en Botsuana. Mi primera lectura del asunto fue: ¿Por qué es noticia ahora si la caza es una actividad manifiesta, si bien poco publicitada del monarca? Estaba claro que lo importante no era el qué, si no el cuándo y el cómo: Se había optado por convertir en noticia una actividad que el Rey lleva más de 40 años realizando, justo en medio de una de las crisis económicas más agudas que este país ha tenido que soportar.   Este era el metasignificado de la noticia: ¿Qué clase de Jefe de Estado se dedica a practicar una actividad considerada cruel por la mayoría cuando el país está pasando terribles dificultades?. Días más tarde, otra noticia saltó a los medios: El Rey era presidente honorario de WWF/Adena. Aquello aportaba más incoherencia a una figura muy observada por su comportamiento y considerada simbólicamente como modelo y reencarnación del Estado. Lo significativo del asunto es que  ninguna de las dos noticias era novedosa. Por lo tanto no eran noticia. Siguiendo el razonamiento, había una decisión tomada por alguien para que saltasen a la luz pública y así inocular una idea concreta en la audiencia.

Fue la primera vez que la Casa Real no pudo poner en marcha su política de comunicación basada en la no valoración de los hechos, estrategia que les permitía ser observados como un elemento neutral y ajeno a las vicisitudes de los azarosos sucesos nacionales. Pero al ser ellos mismos el objeto de la noticia la situación fue pésimamente gestionada por la Casa. Esto se pudo comprobar con la inédita acción del Rey

Una idea había quedado clara durante el affaire: El pacto de la Casa Real con los medios convencionales por el cual no se informaría sobre las actividades cuestionables del Rey había sido unilateralmente roto por los medios.

La respuesta del Rey, apostando por una humillación contrita y pública, no tuvo el efecto esperado y los medios fueron conscientes de que la veda se había abierto.

Efectivamente, el suceso no fue un hecho aislado y la cadena de noticias no cesaron, como era de esperar: La aparición de Corinna en la vida del Rey, la imputación de Urdangarín y la infanta Cristina, las intimidades de la relación entre el Rey y la Reina Sofía…¿Cómo es posible que la asentada tendencia de silencio sobre la Casa Real se hubiera ignorado de repente tras más de 40 años?.

Cuando surge una miríada de noticias aparentemente inconexas pero que guardan una sutil relación ya sea por acciones o sujetos comunes, lo más probable es que estemos ante una campaña de desprestigio bien coordinada. Y este es el caso de la monarquía.

Al margen de ello, y como anécdota, no podía parar de recordar cuando hace unos años, 2006 aproximadamente, un antiguo compañero de fatigas adscrito a una importante secta laica me confesó que era oficial la puesta en marcha de una campaña clandestina por la III República. En ese momento, lo confieso, lo tomé a chanza, pero ahora lo recuerdo muy bien.

La cuestión es clara y sigo con la línea trazada por compañeros de este blog: El Régimen del 78 muestra claras fases de agotamiento y estamos asistiendo a su demolición controlada.

Es triste, pero no nos engañemos: La élites han conseguido en un solo año transformar a la sociedad española en republicana, mientras los grupúsculos de izquierda no han llegado ni a la milésima parte de este objetivo en 20 años. Nada se puede conseguir de acciones festivo-culturales, eso ha quedado enteramente demostrado. El verdadero Poder es consciente del papel catalizador-movilizador que suponen estos grupos y durante los próximos tiempos se servirán de ellos para generar presión sobre la arena política. La posterior traición de las élites sobre los ciudadanos movilizados y los actores movilizadores es una opción a tener muy en cuenta.

Lo que me lleva a lanzar este pronóstico es claro: Si hay una república será por mérito de las élites afines a los medios de comunicación, es decir, el entramado financiero, y no de la izquierda. Anguita, que no se le escapa una y es perro viejo, ya ha advertido sobre este extremo.

Y la recomendación es igualmente diáfana: O la izquierda asume sus prioridades y es capaz de llevar sus planteamientos hasta las últimas consecuencias en la nueva arena política, o tendremos garantizado una vez más un lavado de cara en el que cambiará todo para que no cambie nada y un puñado de zombis enarbolarán la bandera republicana como peones del eterno juego de tronos entre clases.

Alejandro Albert.

EL PARADIGMA DEL TONTO ÚTIL

El otro día estaba viendo la tele con mi madre cuando en un determinado momento, salió por la pantalla Cristobal Montoro. No recuerdo exactamente a quién estaba amenazando nuestro ínclito ministro de hacienda, pero sí la curiosa reacción de mi progenitora, que para más señas es más roja que la menstruación de la Pasionaria:

 – Joder, que desgracia, al menos antes los políticos de derechas, aunque fueran de derechas, daban cierta sensación de preocuparse por las cosas y de integridad personal

A este incidente, aparentemente aislado, se han unido unos cuantos similares de mi entorno. Hace poco, un ex compañero de universidad y de mi gremio laboral (actualmente extinto) con dos hijos a sus espaldas y que pasó de trabajar para consellería como técnico especializado a llevar cuadrillas de trabajadores en los campos de su padre, me lanzó una similar a propósito del tema de la división ideológica civil que parece ser que padece este país. Sus palabras, no literalmente, venían a ser estas:

 – Para que hubiera una verdadera división entre la gente, deberían haber dos bloques enfrentados, pero yo solo veo una masa enorme que no tiene clara su posición, pero sí contra quien están enfrentados, y es con la clase política. Está todo el mundo contra los mismos.

Se trata de dos incidentes personales que se unen a una sensación que tengo desde hace ya unos años y que ha ido creciendo a partir de escuchar a multitud de individuos, de ver declaraciones en prensa o de acudir a eventos de carácter político muy variados. La sensación es qué la gente, básicamente, está hasta las pelotas de la clase política. Y no solo lo está, es que además son los primeros responsables de la situación cara al pueblo.

Hay que decir que ellos ponen mucho de su parte, aunque la percepción social y temporal ayuda bastante. Muchos de mi generación (treintaypocos) tenemos la historia política española de las últimas décadas grabada de esa manera engañosa que hace que nos perdamos la mitad de los acontecimientos y significados por eso de estar creciendo. Vemos a aquellos políticos de los 80 perdidos en las brumas del tiempo y más o menos profesionales, pero que contaban con la ventaja de una trayectoria a sus espaldas y el haber lidiado con épocas mucho más “difíciles” en las que por cojones, había que hablar y negociar, aunque fuera a cara de perro. Señores grises con gafas de pasta, porte altivo y calvas insignes que, pese a despertar más o menos simpatías, tenían entre el gran público el beneplácito de haber sacado al país de otras brumas aún más grises y oscuras que sus presencias.

Los 90 trajeron el lógico relevo generacional e ideológico. Los dinosaurios aún vivían, pero pasaban a un segundo plano para perder sus puestos frente a una generación mucho más JASP (Joven, Aunque Sobradamente Preparado). Al PSOE se le acababa la gasolina y el desgaste era evidente. Al mismo tiempo IU se iba al foso porque eso de las ideologías estaba pasado de moda. Era nuestro “fin de la historia” nacional. Tampoco es que los nuevos fueran la cumbre de la chavalería, pero eran los años de la liberalización económica a la que la bonanza económica mostraba como algo “simpático”. Por mucho que Aznar era obvio que carecía de cualquier cosa parecida al sentido del humor y que Cascos asustaba al propio miedo, el “nuevo” PP, sin el pestazo a cadáver franquista que le daba la marmórea figura de Fraga, era algo moderno, de centro y universal. La década pasó como en un abrir y cerrar de ojos. Había corrupción, claro, pero ¿Cuándo no ha habido corrupción? Aunque comenzaba a extenderse un curioso rumor hablando de retiros dorados de pesos pesados políticos en los consejos de administración de empresas anteriormente públicas. Pero como en general las cosas no iban mal, tampoco es fuera una cosa de mucho interés.

Pero del año 2000 a esta parte parece que empieza el verdadero festival del humor y la sensación de que, a medida que progresa la humanidad, el coeficiente intelectual de nuestra clase política empieza a acercarse al del paramecio. Es la década del político “profesional” en el mal sentido, aquel que ha ascendido en la cúpula del partido a base de pintalabios marrón, de dejar en la cuneta al personal, de ser familia de su familia, familia de una poderosa familia o de venir de la empresa privada y la enseñanza en centros privados donde, irónicamente le preparan a uno para lo “público” . Tampoco es que antes fuera de otra manera, pero al menos había cierta “proximidad” que permitía clasificarlos en tipologías humanas, de esas que pueden hacer pensar “bueno, no es desde luego mi tipo, pero conociendo este país, no deja de tener lógica”. Y el problema ya no es que tengamos ministros de trabajo que no han trabajado, o cargos ministeriales con el currículum más escueto que el de un recién nacido, el problema es la increíble sensación de estupidez que transmiten casi todos. Es ver cómo hemos podido pasar de un Fraga al que “le cabía el país en la cabeza” (literal y metafóricamente) a un Rajoy o un Zapatero que dan la sensación de que no les cabe ni el rellano de su escalera. Y por si fuera poco, rodeado de dos factores que acaban por agravarlo. La primera, su lenguaje, que por lo general pasa de un tecnicismo alejado de la realidad cotidiana (que la mayoría de veces solo saben manejar a modo de eufemismo) a una demagogia que trata por gilipollas a sus votantes. La segunda, una corrupción generalizada con la que ni se lidia ni se muestra intención de hacerlo, lo que aumenta la sensación de impunidad en cualquier ambiente y cargo político. El tema de la corrupción es peliagudo, no es que ahora sea mayor, es que simplemente, cuando la economía doméstica se va al carajo, cobra más dimensión y es mucho más palpable e indignante como determinados individuos medran y salen indemnes. No hay que dejar de lado este aspecto en el que eran muchos los que hacían la vista gorda y ahora se indignan, no por la corrupción en sí, sino por la visibilidad que esta adquiere en estos tiempos.

La situación es triste, tristísima. El PSOE tiene lo suyo, después de una última legislatura horrorosa donde tuvimos que tragar con la estulticia de gente como Pajín y Aido, la vida les recompensa con Rubalcaba,. Hace 20 años era un perro de presa, pero hoy parece un chucho viejo, miope como un ajo, y que ladra a cualquier ruido. Ahora está al mando de un partido que es una maquinaria enorme a la que mueve la inercia de un prestigio residual y ser la “otra alternativa posible” pero que además de tener el timón destrozado, está infestado por familias y barones que se niegan a dejar su gallina de los huevos de oro. Aún así, si lo del PSOE en los últimos años creíamos que insuperable, el PP está haciendo saltar la banca. Solo hay que echarle un vistazo al actual gobierno para darse un paseo por el museo de los horrores peludos. No es únicamente la vieja sensación de que los casting ministeriales los hagan en cottolengos, es que en la vida se ha visto una combinación tan acertada de chulería y amenazas con cobardía y escurrir el bulto. Montoro y De Guindos pasarían desapercibidos en un bar del far west con sombrero vaquero y pistoleras, especialmente el primero, que no pierde ocasión en amenazar y soltar chuladas en plan barrio bajo en cuanto tiene ocasión. Wert y Gallardón parece que cobren extras por cada insulto y desprecio al colectivo que representan. Fátima Bañez es capaz de hacer reformas para una cosa y luego decir que no se hicieron para esa cosa tan tranquilamente, eso cuando no proclama que nuestra mejor baza para arreglar lo del panorama laboral es encomendarse a la Virgen del Rocío. Lo de Ana Mato tiene mucha tela, con la que se está liando en la sanidad de este país, sus méritos más destacables parecen ser asemejarse cada vez más a un sofá de cuero y decir que prácticamente no sabe quien es ese señor con el que se casó . La cumbre la ocupan una Dolores de Cospedal que cada vez que da explicaciones por algo sube el pan (cuando alguien consigue entenderlas) y Rajoy. Lo de este es especialmente sangrante, para empezar, pasarse por el forro sus propias promesas electorales y echarle la culpa a la “realidad” para limpiarse el entrenalgario con ellas es algo que tiene cuajo, cierto. Pero para mí, lo más extraordinario y relevante de una personalidad, es que hablamos de un presidente del gobierno que lleva meses sin aparecer. De vez en cuando habla para la prensa, pero sin responder preguntas y largando a través de un plasma un discurso tan sumamente desconectado de la realidad que podría pensarse que lleva tiempo muerto y nos están pasando vídeos pregrabados. Dicen que sigue vivo, o al menos eso parece cuando se le ve en los palcos de los partidos de fútbol de la Roja, el resto del tiempo lo pasa viviendo en su planeta, hablando solo con y para los suyos, o haciendo denodados esfuerzos por esquivar cualquier cosa de la realidad cotidiana del país que gobierna. Tiene cojones que, como hace poco me decía una buena amiga, la situación sea tal que la más salvable de ese naufragio sea Soraya. Increíble.

Parece claro que, o son muy listos, o son muy tontos. Pero no solo estos, también los de antes, y probablemente los que vendrán. El efecto sumado de sus superpoderes es que el mosqueo colectivo se focaliza en ellos, se les considera responsables directos, y ellos ponen todo de su parte para que así sea. Pero al menos yo (y algunos otros) creo que erramos poniendo la cara en la diana de los dardos. Un político suele ser un cargo con obsolescencia programada. Se le pone, dura lo que dura, se quema y se pone uno nuevo. Y la relación cada vez más evidente entre capital y política nos enseña que los políticos no trabajan para quienes les eligen, si no para quienes les costean el puesto que permita que se le elija mediante sufragio. El resto, puro teatro mediante el cual uno finge que manda mientras solo ejerce de comercial entre los grandes poderes económicos  y una sociedad que vota creyendo que, si cambia el monigote político, cambia la situación. Mientras la maquinaria poder económico-político siga funcionando igual, todo lo que se les cambie seguirá las reglas del “que todo cambie para que todo siga igual” o, como pasaba en el país de la Reina Roja de “Alicia a través del espejo”, todos corren para permanecer en el mismo sitio. La cuestión es que, aún sabiendo esto ¿No había tontos útiles que parecieran menos tontos?

Ferran González

CARTA ABIERTA A MIGUEL ARIAS CAÑETE

Nota del Colectivo Incompleto: Nuevamente, un testimonio de nuestro compañero José Carlos Macías. Esperemos les haga pensar.

Estimado señor ministro:

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Le voy a ser claro, porque no están los tiempos para andarse con rodeos ¿Cuánto ha cobrado usted de las grandes constructoras por favorecer el cambio en la ley de costas que permite al gobierno enajenar y vender alqo que no le pertenece? ¿Cuánto va a ver aumentado su patrimonio por decidir que basta con proteger 20 metros de litoral en lugar de los 100 que eran dignos de protección hasta hace dos días? ¿Cuántos hoteles, resorts, urbanizaciones y puertos deportivos le van a poner una placa y a nombar socio de honor por esta gesta?

Permítame que le ponga al corriente de algo, señor Arias Cañete, ministro de agricultura y medio ambiente, terrateniente, cazador, especulador y coleccionista de coches: el medio ambiente, ese que usted dice gestionar y proteger, ni siquiera es patrimonio de los Españoles que votan cada cuatro años. La costa es patrimonio de todos los españoles que aún no han venido al mundo, la costa, el aire, el agua, pertenecen AL FUTURO, y nuestra responsabilidad, y la suya, por delegación nuestra (algo que no convendría que usted olvidase) es preservarla para los españoles nonatos (sí, esos que ustedes tanto se empeñan en proteger).

Usted, señor ministro, acaba de decidir, en nombre de todos, y sin consultar, en un alarde de absoluta prepotencia y, lo que es peor, infinita miopía política, vender algo que no nos pertenece ni le pertenece a usted para insuflar un nuevo balón de oxígeno a un modelo económico, el del ladrillo, que nos ha traido al desastre social, económico y político que estamos viviendo y que, por mucho que usted se empeñe, jamás se recuperará y jamás nos sacará de esta situación.

Y como no encuentro explicación posible a tamaño desatino, deduzco que tras ello se encuentra la razón más antigua del mundo: el dinero. El dinero que las empresas constructoras, las grandes corporaciones y los diferentes lobbies aportan a los partidos a través de sus fundaciones, el dinero que paga los mítines y las campañas electorales, el dinero que compra nuestra deuda soberana y la voluntad de los representantes del pueblo y les obliga a cambiar nuestras leyes y nuestra constitución para adecuarlas a sus intereses, el dinero que los tesoreros de su partido atesoran en paraisos fiscales y, seguramente, el dinero que usted mismo ha percibido o está a punto de percibir por ese inmenso favor que acaba de hacer a unos pocos, a costa de nuestras costas, de las costas que debíamos proteger y preservar como patrimonio de todos los españoles, del presente y del futuro.

Señor ministro, no se esconda usted pensando que mientras todos están ocupados con asuntos “de mayor calado” nadie se da cuenta de sus tejemanejes. No piense usted que nadie se ha dado cuenta de que ha cedido en la “norma de calidad del ibérico” a las presiones de los que pretenden vender “ibérico” que no es “ibérico”, más barato, producido en intensivo y sin pensar siquiera en la calidad. No se crea usted tan listo como para pensar que nos la va a colar con los herbicidas y los transgénicos sin que nadie sospeche de sus privilegiadas, e imagino que fructíferas en lo personal, relaciones con la multinacional Monsanto, justo cuando el resto del mundo civilizado, con la única excepción de EEUU (aunque allí también se sabe por qué sucede), intenta poner coto a semejante disparate. No piense que como ahora ningún españolito puede irse de vacaciones puede usted vender la playa al mejor postor. Ni se le pase por la cabeza pensar que nadie investigará y vigilará su patrimonio después de estos movimientos de su ministerio, que dejan bien a las claras para quién trabaja usted en realidad.

Puede que no sea mañana, puede que no sea este año y puede que ni siquiera suceda durante esta legislatura, pero tenga usted por seguro, señor ministro Arias Cañete, que tarde o temprano TODO SE SABRÁ… y puede que no seamos los españoles de ahora y tengan que ser los del futuro, pero tenga usted claro que algún día alguien se lo hará pagar.

Puede que para entonces esté usted amasando una fortuna aún mayor de la que ahora posee, instalada plácidamente en cualquier lugar dónde no tribute al estado Español, puede que disfrute además de un jugoso retiro con un puesto de consejero en la Monsanto, en alguna constructora española o puede que en algún turoperador alemán… pero tenga usted claro que tarde o temprano, a cada cerdo, ibérico o no, le llega su sanmartín.

Solo espero que para entonces no sea demasiado tarde y aún podamos recuperar para nuestros nietos lo que usted y los que le sostienen nos están robando.

Atentamente

José Carlos Macías

Cáceres

Del porqué de la legitimidad del escrache

Mucho se ha hablado –y se hablará- de la campaña de concienciación y presión que la Plataforma de Afectad@s por la Hipoteca está llevando a cabo durante las últimas semanas. Al margen de la campaña de criminalización que se ha puesto en marcha desde diversos sectores –y cuyo fin, bajo el punto de vista de quien escribe esto, no parece ser otro que la futura justificación del más que posible rechazo de la ILP de esta plataforma- se nos escapa, como en otros tantos casos, el proceso lógico al que responde esta campaña. Quizás en él encontremos la clave para comprender no sólo el famoso escrache, sino también lo que se encuentra tras su criminalización. Analicemos:

–       Un escrache se produce cuando una persona física (A), tras no cumplir una obligación contraída (B) a través de un acuerdo en teoría libre (C) con una persona jurídica (D), se ve coaccionado por un conjunto de persona de un mismo colectivo (E) a renunciar a un derecho o libertad individual (F) garantizada por la legislación (G) para satisfacer el incumplimiento de la obligación original.

Este proceso lógico puede parecer en un principio enmarañado, pero en realidad no es complicado. Sustituyamos las enigmáticas mayúsculas entre paréntesis por los siguientes elementos:

–       A: político / B: cambiar una legislación abusiva / C: Elección democrática / D: ciudadanía / E: plataforma ciudadana / F: libertad de voto / G: constitución.

Así, obtendremos que, en un escrache: un político, tras no cambiar una legislación abusiva (obligación contraída tras una elección democrática en la cual se jura servir a la ciudadanía), se ve coaccionado por una plataforma ciudadana para no ejercer la libertad de voto –sometida en realidad a una disciplina de partido, algo que choca con el concepto de libertad individual- garantizada por la Constitución. Este proceso lógico puede parecer abusivo, en tanto que se basa en la presión de una masa relativamente numerosa a una persona individual. Además siempre se puede argumentar que la legislación no es abusiva, que una mayoría absoluta legitima una disciplina de voto y que todo lo que suponga saltarse algo que aparece en la Constitución resulta una violación inaceptable. Sin embargo, si analizamos otras realidades, podemos concluir que se ajustan al mismo proceso lógico. Realidades incluso opuestas al escrache. Por ejemplo, en un desahucio, la sustitución de aquellas enigmáticas letras mayúsculas nos daría el siguiente resultado:

–       Un ciudadano (A), tras no cumplir con el pago de una serie de cuotas (B) acordado en el contrato de hipotecario (C) con una entidad bancaria (D), se ve coaccionado por un grupo policías nacionales y personal jurídico (E) para renunciar al derecho a la vivienda (F) garantizado por una Constitución, una Declaración de los Derechos Humanos, sentencias del tribunal Europeo y demás papeles de sobrado valor legal (G).

Al resultar que escrache y desahucio –esa palabra prohibida por algunos mandatarios- son procesos que responden a secuencias lógicas idénticas, nos encontramos ante un conflicto: ¿cuál es más legítimo? La respuesta es más obvia de lo que parece, especialmente si recordamos que, si hacemos caso a papeles como nuestra vieja Constitución, el origen de la soberanía –y por lo tanto fuente de autoridad suprema- reside en la ciudadanía. Así pues, el incumplimiento del contrato de los gobernantes con los ciudadanos (en tanto que los primeros no han modificado una ley injusta hacia los segundos, siendo su obligación actuar en beneficio de los electores) legitima todo fenómeno de coacción que busque revertir una situación sangrante.

Es evidente que nos hallamos en un proceso de guerra abierta entre un frente autoritario y otro que quiere despojarse de una autoridad desmedida. Una guerra en la cual es clave comprender que el abuso de poder se da con una frecuencia tal que lo hemos asimilado hasta llegar a cuestionar la justicia de la defensa propia.

El desahucio es cumplimiento de una ley, pero también un abuso de poder en tanto que la ley es dañina. El escrache no es terrorismo ni coacción: es legítima defensa, en este caso amparado legalmente por más textos que el desahucio. ¿Hace falta preguntarse qué acto es más legítimo?

JM Martín

DICTADURAS DE USAR Y TIRAR

La semana pasada acudí a ver una de esas películas que se suelen llamar “de pensar”, de esas que se pasan en salas pequeñas y a las que asiste un público que busca un tipo de producciones más difíciles de encontrar, más de “minorías”. Ya saben, películas con temáticas “minoritarias” y rostros desconocidos o producciones afganas, etíopes o de cualquier sitio en situación terminal y donde el coñazo que te traguas queda compensado por la multiculturalidad en cada plano y por el mérito de rodar esquivando pepinos de drone, dictaduras, guerrillas o una logística demoníaca. Como apunte, el cine carecía de un elemento básico en la mayoría de cines, no tenían palomitas, quizá por considerarse un estigma de paletos o para marcar la diferencia. El caso es que, en una sala minúscula y sintiéndome desnudo sin mi bol de colesterol industrial en las manos, me dispuse a ver la última película de Pablo Larraín, “NO”. La película es interesantísima, no solo por la historia que cuenta y la idea que expone abiertamente, sino también por todas las que están implícitas en ella o las que orbitan alrededor.

NO” versa sobre Chile, en concreto sobre un Chile sumergido en una de sus épocas más negras, la de la dictadura Pinochetista. Ya no son los años 70 de la represión explícita, sangrienta, y que se marca en el imaginario colectivo del mundo a través de esa draculina imagen de un Pinochet sentado con los brazos cruzados, de uniforme y con unas gafas oscuras cubriendo el rostro deformado por una severa mueca. Este es el Chile de mediados de los 80, donde sigue habiendo represión, injusticia, muertos, desaparecidos y unas cloacas del estado infestadas de ratas con cargo, uniforme y poder. Pero es también el Chile de unos datos macroeconómicos que dan la razón al impulso proporcionado por unas políticas económicas liberalizadoras, aunque tuvieran que instalarse a ritmo de golpe militar. “NO” cuenta el viaje que tiene que sufrir la oposición cuando el régimen busca legitimarse mediante una votación popular que de continuidad o no al gobierno de Pinochet y como la publicidad y el lenguaje asociado a ella jugaron un papel protagonista. Nos cuesta la historia de un publicista y de como el voto contrario a la continuidad del dictador se consigue no a través del protagonismo de las justas reivindicaciones de los familiares de los desaparecidos, de los muertos y de los presos políticos, si no mediante un lenguaje que se acerque a la mayoría de una población que busca mirar al futuro tratando de no tener demasiado presente el pasado. Cuenta también las justas reticencias de muchos de los implicados y el remordimiento de estar vendiendo su alma y principios por un plato de pragmáticas lentejas. Todo esto es la historia que cuenta esta más que interesante película, pero el contexto de la situación, el rumor de fondo, es lo que la hace verdaderamente apasionante.

Para empezar, es sintomático o muy curioso. ¿Para qué querría legitimarse una dictadura? Es un sistema que por sus mismos principios no necesita de ello, por mucho que en el caso chileno esto se contemplara en una constitución como la aprobada por plebiscito en 1980 en una época en la que las libertades civiles y de expresión no existían. En este caso en concreto, es la “comunidad internacional” la que presiona al gobierno para que dé voz y voto de manera regular y legítima a la misma oposición a la que han machacado y siguen machacando. Aquí podemos entender el poder muy marcado de Estados Unidos, directamente implicada en un golpe como el de Chile donde Pinochet simplemente ejerce de niño de los recados del asunto. La Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, un hijo bastardo entre la lucha contra el comunismo de la guerra fría y las doctrinas de liberalización económica, es responsable directa de décadas de represión y dictaduras por toda Sudamérica, con un pico de actividad máximo en los 70 y un paulatino descenso y desintegración durante los 80…pero ¿Porqué cambiar unos regímenes que le eran claramente favorables a sus intereses por esa cosa tan difícil de controlar de la democracia?

La respuesta es muy sencilla, el régimen en Chile no cayó por una insurrección o una revolución, ni tampoco por una intervención exterior. Tampoco la Junta Militar Argentina, la “dictadura parlamentaria” en Brasil o el gobierno civico-militar instaurado por Bordaberry en Uruguay. Todos van abriéndose “democraticamente” en los 80 después de un periodo de dictadura con la eliminación de libertades civiles e incluso un plan general coordinado entre diversos estados para controlar y eliminar a la insurgencia a través de la Operación Cóndor. También es común que durante el periodo dictatorial se reviertan no solo políticas sociales, si no también económicas. Son casos en los que, con la excusa de evitar el marxismo o el comunismo, cualquier política económica “socialista” es desmontada y sustituida por otra con los pomposos títulos de “reducir la inflación” y “liberalizar la economía” y “favorecer la inversión extranjera”. Es decir, hubo que organizar un golpe militar para defender y hasta cierto punto legitimar un modelo económico que beneficiaba a unos pocos y desde unos intereses externos. Y una vez este sistema se establece y la gestión de los recursos y la economía queda en manos de empresas, particulares y “juntas de dirección” que convierten los recursos públicos en sagrada propiedad privada, la dictadura, que fue una herramienta muy útil pero con mala prensa, se convierte en algo anacrónico e innecesario.

Las aperturas en estos sistemas no fueron caídas repentinas si no planificaciones detalladas. Todas ellas, antes de practicarse el hara-kiri democrático, constituyeron procesos mediante los cuales legitimaron y asentaron parte de los cambios aplicados. Cuando la dictadura acaba, vuelven las libertades civiles, pero no se aplica una política para revertir los cambios económicos que esta instauró, es más, estos quedan como parte del nuevo sistema “libre”, como si siempre hubieran estado ahí, sin que nadie los discuta y además dando la sensación de que es una consecuencia directa del proceso “aperturista”. Se acaba el terror, se acaba la censura y la falta de libertades, lo único que se queda es aquello que en última instancia provocó que el golpe tuviera lugar, que es la protección del negocio de una minoría con mucho poder. Todo queda “atado y bien atado”. Basta con inculcar que libertad de comercio y propiedad privada son verdades inviolables fruto de la recuperación de las libertades. Basta con que la gente esté cansada, reprimida y asqueada como para no mirar atrás y pensar como esos recursos llegaron a esas manos. Basta con la criba sistemática de una generación crítica por la represión que ayude a crear otra generación de olvido. Si consigues esto, el sistema no se cuestionará y pocos discutirán que así es como debe funcionar el mundo y que estar atados por la economía es la situación “correcta”

Chile o Argentina son buenas muestras de cómo aplicar una política como esta a base de ruptura, de miedo y de la fuerza. Allí tuvieron la excusa de “detener el comunismo”. Aquí llevan años limando poco a poco e instaurando políticas similares, pero de una manera mucho mejor, sin sangre, sin dictadores, sin represión explícita y sin coartar libertades. Curiosamente no han cambiado los títulos, hay que “reducir la inflación”, “liberalizar la economía” y “favorecer la inversión”. Y todo ello en un entorno de libertad, democracia y sin Guerra Fría. Pero hay que notar que el proceso se agudiza en el contexto de crisis, de miedo y de urgente necesidad de arreglar los problemas, dejando claro que la puesta en marcha de estos métodos necesita del miedo y la inseguridad para que la población o parte de ella considere necesario “ceder” sus derechos. Ese ha sido el gran avance de estas políticas, en otro lugar y época fueron impuestas por la fuerza con la excusa del contexto internacional y evitar el avance del comunismo (o socialismo, o marxismo). Hoy aquí son instauradas poco a poco, como si fuera pura lógica que la sociedad y el hombre libre deben vivir y organizarse así. No hacen falta dictadores donde estadistas aplican y el pueblo acepta (aunque sea por omisión) políticas que antes solo pudieron aplicarse a golpe de bombazo. Durante “NO”, se puede ver a Pinochet, en un anuncio real de su campaña por el “si”, diciendo que él lucha por un país donde solo hayan propietarios y no proletarios. No se me ocurre mejor síntesis que esta para mostrar hasta que punto tenemos socialmente implementado, de manera insconsciente, ese pensamiento irrealizable que les hace de manera pacífica el trabajo sucio de que estemos siempre divididos y sin armar mucha jarana. Solo hay que ver los principios económicos bajo los que se rigen la mayoría de gobernantes, cargos y principales partidos para saber que el gran truco del liberalismo más cafre no es ser objetivamente el mejor sistema, si no el haberse casado con la democracia.

Adoctrinar (un apunte desde la memoria)

NOTA DEL COLECTIVO INCOMPLETO: Al hilo del anterior post, llamado sencillamente Adoctrinar, nuestro miembro JC Macías nos apunta con un pedazo de su memoria. Este recuerdo que JC nos anima a publicar viene al hilo no únicamente del anterior post, sino de la reciente noticia acerca de la mal entendida libertad de cátedra de una profesora de la universidad privada CEU San Pablo en Valencia
Aconsejamos leer -el orden lo dejamos a gusto del lector- la noticia linkada en las líneas superiores y este anunciado recuerdo de José Carlos Macías. 

“Nunca olvidaré aquella clase de religión.

Don Isidro nos dijo “Hoy vamos a hablar de la eutanasia ¿sabéis lo que es?” y nosotros, tiernos infantes de unos 12 o 13 años, dijimos “no, ni idea”. Él, dispuesto a explicarlo claramente, nos dijo “Vamos a ver ¿vosotros queréis mucho a vuestros abuelos?” y nosotros respondimos “pues claro que les queremos, son nuestros abuelos”. Entonces Don Isidro nos aclaró: “pues la eutanasia es una cosa que se han inventado en los paises del norte de Europa: Alemania, Noruega y esos sitios, y consiste en que a las personas mayores, cuando ya no pueden trabajar, cuando ya han hecho un servicio a la sociedad y se considera que no sirven para nada y solo son un gasto, pues LES MATAN y a eso lo llaman “eutanasia”. Y ahora vamos a ver ¿qué os parece a vosotros la eutanasia?”

Claro, la mitad de la clase se imaginó a sus abuelitos siendo llevados al patíbulo uno detrás de otro… y rompieron a llorar a moco tendido declarándose inmediatamente acérrimos enemigos de la eutanasia.
Teníamos unos 12 años, y puede que no conociésemos el significado real de “eutanasia”, pero sí sentimos claramente y de primera mano lo que es la manipulación y el adoctrinamiento.

Las cosas no parecen haber cambiado mucho en según qué aulas…

JC Macías”